DAVID LÓPEZ RODRÍGUEZ
ALICANTE
Estamos habituados a usar la palabra “depresión” con excesiva frecuencia. Cuando tenemos un mal día, nuestro estado de ánimo está un poco más bajo de lo habitual o incluso cuando estamos cansados, la expresión que acude a nuestra mente es “estoy deprimido”.
La depresión es mucho más que todo esto; es un serio trastorno emocional que implica cambios importantes en nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar.
Nuestras emociones cambian sensiblemente. Puede que tengamos muchas ganas de llorar, que notemos tristeza, y no es infrecuente que aparezcan otros sentimientos desagradables como irritabilidad o ansiedad. Más a nivel corporal, suelen producirse cambios, como notar cansancio continuo y excesivo, pérdida de apetito, problemas de sueño, tensión muscular, opresión en el pecho, y muchos más. También es muy corriente notar una importante disminución el apetito sexual.
Nuestra forma de pensar sufre modificaciones: tendemos a ver el lado oscuro de las cosas. Es como si nuestra visión se hubiera enturbiado de un oscuro pigmento que nos hace ver la realidad teñida de pesimismo y negatividad. Solemos pensar mal de nosotros mismos, nos desvalorizamos y nos culpamos por muchas de las cosas que hicimos. Nuestra autoestima se reduce significativamente. El mundo nos parece un lugar hostil y absurdo en el que vivir. No entendemos la vida, ni cómo ni porqué suceden las cosas. Podemos creer que los demás no nos tienen ningún aprecio y que incluso nos rechazan. Más aún, el futuro se percibe como un callejón sin salida, sin esperanza, con pocos deseos de continuar. En el mejor de los casos, como una mala jugada del destino que hay que sobrellevar.
Nuestra forma de actuar va en consonancia con nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. Tendemos a ir reduciendo nuestras actividades; nos volvemos más pasivos, la inercia nos domina, y de una forma más o menos rápida, dejamos de salir, de ver gente o incluso, de ir a trabajar.
Para considerar que una persona está deprimida, tiene que estar sufriendo una parte importante de estos cambios, y además, que se mantengan durante un período de tiempo razonablemente largo.
(Sevillá y Pastor, 1996)
Dentro de los tipos de depresión más frecuentes encontramos: